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Número 0
Tema: Ingeniería Genética

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6. Reflexiones bioéticas

7. Derechos del consumidor: Etiquetado

8. Legislación

Solución al dengue

Un grupo de investigadores del Departamento de Biología Molecular, encabezados por la doctora Blanca Ruiz, desarrollaron una técnica diagnóstica para el dengue altamente específica, sencilla y rápida, algunas de cuyas ventajas sobre las existentes radican en que sólo requiere de una sola muestra de sangre las otras pruebas requieren de dos tomas con intervalo de quince días y utiliza sondas no radiactivas para la identificación del RNA viral, lo que evita la necesidad de laboratorios sofisticados y personal altamente capacitado, facilitando su descentralización.

El dengue en América cobra cada vez mayor importancia debido a que se han presentado brotes de dengue hemorrágico en diferentes países de la región. Los esfuerzos internacionales para prevenir estas epidemias giran en torno a la vigilancia epidemiológica, virológica y el control del vector, sin embargo, en estas acciones se identifican diversos problemas y desafíos.
La fiebre del dengue clásico, el dengue hemorrágico (DH) y el Síndrome de choque por dengue (SCHD) son entidades clínicas causadas por alguno de los cuatro serotipos de los virus del dengue: Den-1, Den-2, Den-3 y Den-4, los cuales coexisten en asociación con uno o más de los mosquitos vectores en áreas tropicales y subtropicales. En América el principal vector es la hembra del Aedes Aegypti, las cuales son hematófagas y adquieren el virus de una persona virémica al ingerir de ésta la sangre que necesitan para el desarrollo de sus huevecillos. Una vez infectadas existe un periodo de incubación extrínseco de 8 a 12 días (tiempo en el cual se multiplica el virus) y posteriormente las glándulas salivales se vuelven infecciosas, y ésta transmite el virus cada vez que realiza una toma de sangre. Entre 5 y 8 días post-inoculación, el huésped desarrolla una viremia que dura aproximadamente cinco días. Los síntomas más frecuentes son: fiebre elevada intermitente bifásica, cefaléa, mialgias, altralgias, dolor retrocular, náuseas y/o vómito y a menudo, una erupción cutánea maculo- papular. En los casos severos de la enfermedad (DH/SCHD) además del cuadro anterior se presenta abruptamente hipotensión, déficit en la perfusión tisular periférica y manifestaciones hemorrágicas a distintos niveles, siendo letal un 10-40 por ciento de los casos. Tal como ocurre en otras fiebres hemorrágicas virales, la célula diana es el fagocito mononuclear, en cuyo interior se replica el virus, pero a diferencia de otras, en la FHD se produce un fenómeno inmunopatológico, denominado "facilitación" o aumento de la infección mediado por anticuerpos (Ac) heterotípicos no-neutralizantes. Es decir, la persona que presenta Acs contra uno de los serotipos y se infecta con un serotipo distinto al de la primoinfección, desarrolla inmunocomplejos que facilitan la penetración viral al monocito a través del receptor Fc. Esto da como resultado una activación del macrófago el cual a su vez activa otros sistemas como el de la coagulación, la fibrinólisis y el complemento. Ocasionando una coagulopatía de consumo y/o choque hemorrágico.
La expansión del dengue en América ha evolucionado durante 30 años. En la década de los cincuentas la OPS coordinó una campaña hemisférica para la erradicación del Aedes aegypti, logrando controlar al vector por más de diez años, sin embargo hubo reinvasión del mosquito, entre otros, debido a la rápida urbanización, elevada migración de poblaciones, la gran proliferación de artículos manufacturados no reciclables (que funcionan como receptáculos), el abastecimiento irregular de agua potable, la falta de drenaje, los insuficientes servicios de recolección de basura, y el descuido en los programas de control del vector, lo cual favoreció la reemergencia del problema en la región.

El aumento de la incidencia de la enfermedad se debió además del incremento de la densidad y rápida distribución del vector, a la hiperendemicidad regional, es decir, a la circulación de múltiples serotipos en América. Aunado a estos factores, la reaparición del Den-3 en 1994, después de una ausencia de 16 años en el área y el cambio en el comportamiento epidemiológico para DH/SCHD (ya que de 1984 a 1995 se reportaron 358 casos confirmados y de diciembre de 1996 a la fecha se han confirmado más de 650 casos), ha hecho realidad las 2 grandes preocupaciones expresadas por funcionarios de salud pública durante los últimos 10 años: el aumento en la incidencia de DH en la región y un incremento de la mortalidad causada por infecciones de dengue. Este hecho motivó a la OPS y a la 46 Asamblea Mundial de la Salud (AMS) a probar la resolución 46.31 la cual confirma que la prevención y el control de la enfermedad debe encontrarse entre las propiedades de la OMS.

El dengue hemorrágico en México es una entidad clínica nueva y ello demanda la integración de los indicadores clínicos y de laboratorio que permitan llevar a cabo el diagnóstico etiológico oportuno. Así mismo, el laboratorio además de definir la certeza diagnóstica, es de vital importancia en la evaluación de la dinámica de transmisión y los factores de riesgo asociados a la aparición de las formas graves conociendo el serotipo circulante, detectando de manera temprana su introducción, monitoreando su distribución geográfica y poblacional.
Actualmente para llegar al diagnóstico preciso del padecimiento se realizan dos tipos de metodologías o técnicas: aquellas que detectan la presencia de anticuerpos producidos como respuesta al virus y las que pretenden aislar directamente el virus de las muestras de los pacientes. Entre las primeras se encuentran la inhibición de la hemaglutinación (IH), fijación del complemento (FC), neutralización (NT) y la determinación de IgM por el ensayo de ELISA; las cuales se consideran positivas cuando se observa una elevación en el título de anticuerpos entre la fase aguda y la convalecencia. Para la detección del virus, se cuenta con el aislamiento por inoculación directa con una muestra de suero de fase aguda del paciente, en mosquitos y/o cultivos celulares, determinándose la presencia o ausencia del mismo mediante la técnica de inmunofluorescencia indirecta utilizando anticuerpos monoclonales. Desafortunadamente, todas las técnicas serológicas tienen, en mayor o menor grado, dificultades para realizar un diagnóstico oportuno ya sea porque se requiere de dos muestras sanguíneas con aproximadamente un intervalo de tres semanas entre ellas, o bien porque se necesita un fraccionamiento de la muestra para detectar IgM específica. Con base en este problema, recientemente se han desarrollado métodos alternativos en la detección del agente etiológico, ya sea por hibridación de ácidos nucleicos, utilizando sondas radiactivas de DNA complementario (cDNA) al mRNA(+), o por amplificación de segmentos específicos del genoma viral mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Sin embargo, para el desarrollo de las mismas se requiere tanto de equipo (PCR) que no es accesible a todos los laboratorios, como del manejo de marca radiactiva.


Otra técnica para la detección del agente etiológico, la cual consiste en un ensayo de hibridación en placa de poliestireno utilizando sondas homólogas (específicas para cada serotipo) y sondas heterólogas (específicas para Dengue pero no para otros flavivirus) no radiactivas para la identificación del RNA viral, en el cual la señal de hibridación es revelada con peroxidasa.
El dengue es una enfermedad que se manifiesta de manera e intensidad variables en relación con los factores del huésped y determinadas características de la cepa viral. El diagnóstico del dengue -y sus formas severas- es una experiencia clínica nueva para los médicos en el continente americano, por lo que resulta de vital importancia contar con pautas clínicas y epidemiológicas que permitan la identificación oportuna y una conducta terapéutica adecuada. El espectro clínico de la enfermedad incluye desde cuadros asintomáticos hasta las formas severas y hemorrágicas con signos y síntomas específicos para cada estado clínico. Se hace especial énfasis en los signos de alarma que anticipan las formas hemorrágicas y que son vitales para el tratamiento oportuno. Para el caso de las epidemias se recomienda un sistema de clasificación de pacientes que permita seleccionar a los que requieren observación continua, exámenes de laboratorio, hospitalización y tratamiento precoz de las complicaciones.