All Natural

Número 0
Tema: Ingeniería Genética

¿Quienes somos?


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- Alimentos transgénicos
- Uso de alimentos transgénicos
- Riesgos para la salud
- Experimentación con animales
- Cuestiones de opinión
- Problemas económicos
- Mitos sobre la ingenieria genética

6. Reflexiones bioéticas

7. Derechos del consumidor: Etiquetado

8. Legislación

Polémica sobre ingeniería genética

Existen distintos puntos de vista respecto al uso y fabricación de estos "especiales" alimentos:

A favor:

La biotecnología, una esperanza para el tercer mundo.
Los alimentos genéticamente modificados son cuestionados entre los europeos bien alimentados, pero, según Bill Gates, presidente de Microsoft, son los países pobres los que más los necesitan.
Las estadísticas sobre crecimiento de la población y hambre son preocupantes. El año pasado, la población mundial llegó a los 6.000 millones. Y Naciones Unidas calcula que hacia el año 2050 probablemente rondará los 9.000 millones. Casi todo ese crecimiento se producirá en los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, la superficie de tierra cultivable por persona es cada vez menor. Las tierras arables no han cesado de disminuir desde 1960 y se reducirán a la mitad en los próximos 50 años, según el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotécnicas.
Naciones Unidas calcula que aproximadamente 800 millones de personas en el mundo están infraalimentadas. Los efectos son devastadores. Cerca de 400 millones de mujeres en edad de tener hijos padecen deficiencias de hierro, lo que significa que sus bebés corren el riesgo de sufrir diversos defectos congénitos. Nada menos que 100 millones de niños sufren carencia de vitamina A, una de las principales causas de ceguera. Decenas de millones de personas sufren otras importantes dolencias y deficiencias nutritivas causadas por la falta de alimentos.
En este aspecto la biotecnología es de gran ayuda. Los biotecnólogos han desarrollado un arroz genéticamente modificado reforzado con beta-carotenos -que el cuerpo convierte en vitamina A- y hierro, y trabajan en otros tipos de cultivos con sus características nutritivas mejoradas.
La biotecnología puede mejorar también la productividad agrícola en lugares donde la escasez de alimentos es consecuencia de daños en las cosechas atribuibles a las plagas, la sequía, terrenos pobres y virus, hongos y bacterias que afectan a los cultivos.
El daño que causan las plagas es increíble. El barrenador del maíz europeo, por ejemplo, destruye anualmente 40 millones de toneladas de la cosecha mundial, aproximadamente el 7% del total. La introducción de genes resistentes a las plagas en las semillas puede contribuir a restaurar el equilibrio. Y en las pruebas con algodón resistente a las plagas en África, las cosechas han aumentado considerablemente. Hasta el momento, los temores a que los cultivos transgénicos resistentes a las plagas puedan matar no sólo a los insectos perjudiciales sino también a los beneficiosos parecen carecer de fundamento.
Muchos científicos creen que la biotecnología podría aumentar la productividad de las cosechas, en general en los países en vías de desarrollo, en un 25% y contribuir a evitar la pérdida de cosechas una vez recolectadas.
Sin embargo, a pesar de todas estas promesas, la biotecnología dista mucho de ser la solución total. En los países en desarrollo la pérdida de cosechas es sólo una de las causas del hambre. El papel principal lo desempeña la pobreza. En la actualidad, más de mil millones de personas en todo el mundo disponen de menos de 200 pesetas diarias. La disponibilidad de alimentos transgénicos no reducirá el hambre si los agricultores no pueden permitirse el producirlos o si la población local no puede permitirse el comprar los alimentos que ellos producen.

Los alimentos transgénicos aumentan su valor nutritivo y los rendimientos de la producción
Los expertos afirman que los alimentos transgénicos son tan buenos para la salud como los convencionales. Vacas que dan más leche, vegetales resistentes a las plagas, patatas que inmunizan contra el cólera... "Con los alimentos transgénicos, el consumidor siempre tiene la opción de escoger, y estos productos son al menos tan seguros como lo pueden ser los alimentos convencionales." Esta opinión de Daniel Ramón, investigador del CSIC, fue la defendida por la mayoría de especialistas reunidos estos días en el IX Simposium Nacional de Laboratorios e Institutos Municipales de Salud Pública, que tratará problemas como el ruido en las grandes ciudades, las plagas urbanas de insectos o la calidad del agua que bebemos.
"Las tecnologías permiten disponer de todo un abanico de posibilidades para mejorar los alimentos." Daniel Ramón fue el experto en Biotecnología que más énfasis puso a la hora de defender las bondades de los controvertidos alimentos transgénicos y aseguró que el miedo surgido entre algunos sectores de la población se debe a la falta de información.
"La gente se cree que cuando un laboratorio crea un nuevo producto transgénico, al día siguiente puede sacarlo al mercado sin problemas", creencia que Ramón negó al asegurar que la cadena de comprobaciones científicas que tiene que pasar un alimento de estas características es "larga y muy cuidadosa para comprobar que no son nocivos", entre las que se encuentra la aprobación del Comité Científico de Alimentación Humana de la Unión Europea.
La prueba de este estricto control sanitario es que, hasta el momento, tan sólo se ha permitido comercializar en Europa una variedad de alimento transgénico, el tomate FlavrSavrTM, "aunque hay una larga lista de productos esperando recibir la autorización", desveló el catedrático de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de las Islas Baleares, Andreu Palop.
Borlaug, a punto de cumplir 86 años, y que fue investido ayer doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid, se ha vuelto a situar en el ojo del huracán debido a su firme defensa de las modernas semillas transgénicas, a las que en cierto modo considera herederas de su trabajo pionero. Esta actitud, que por otra parte refleja la de la comunidad científica internacional, le ha procurado virulentos ataques de grupos ecologistas como Greenpeace, que han llegado a calificarle de "tecnofanático" y a responsabilizarle de buena parte de los males que afligen a los países en desarrollo. Borlaug se limita a sonreír: sabe muy bien que toda innovación genera enormes resistencias, no siempre racionales.

En contra:

Las plantas diseñadas para ser más resistentes a los herbicidas permitirán la aplicación de concentraciones más altas en los cultivos, con el resultado de que los alimentos contienen más química, y los ríos y los embalses se contaminarán más. La introducción de la hormona del crecimiento vacuno (rGBH) en las vacas lleva a animales enfermos y sufrientes y a una leche que contiene más antibióticos. Ya se están criando animales con enfermedades para experimentos y una vida de sufrimiento. Peces han sido modificados para crecer más grandes; vacas y cabras han sido modificadas para crear drogas farmacéuticas. Estos animales frecuentemente son enfermizos y tienen una vida más corta. Compañías agroalimentarias occidentales están comprando compañías de semillas en países en vías de desarrollo para poder vender semillas genéticamente modificadas, para controlar el mercado mundial de alimentos y haciendo peligrar la biodiversidad de los cultivos a través de la perdida de las semillas tradicionales.
La contaminación biológica puede ser el mayor peligro resultante de la ingeniería genética. A través de accidentes y falta de controles adecuados nuevos organismos vivos, bacterias y virus podrían escapar para reproducir, migrar y mutar. Existe la posibilidad, aun que pequeña, de pasar sus nuevas características a otros organismos que nunca se podrán recuperar o contener una vez libres en el medio ambiente. Esto es una invitación a una alteración ecológica desastrosa.
Los alimentos transgénicos ya disponibles incluyen soja, (que se utiliza en el 60% de los alimentos procesados) tomates, levadura, productos lácteos y aceite de colza. Pero esto es solo el comienzo. En unos años, a lo mejor será casi imposible encontrar alimentos naturales. De todos los riesgos indeseados de la tecnología moderna, los de los organismos genéticamente modificados son los más peligrosos. En el peor escenario, no se podrán contener y sus efectos serán irreversibles. Los peligros de la ingeniería genética incluyen animales enfermos, organismos y enfermedades más virulentas, una biodiversidad más reducida, mayor contaminación del agua, el alimento y la tierra, y la alteración del equilibrio de la naturaleza. Con una ya mayor intervención tecnológica en la producción alimentaría, se esta haciendo más común la comida no natural.

Nadie sabrá cuantos morirán de la enfermedad de las vacas locas, que sospechan que es el resultado de alimentar el ganado con alimentos totalmente innaturales para ellos pero aprobados por los organismos gubernamentales. Pesticidas, fertilizantes, agua y aire contaminados están causando cáncer, defectos de nacimiento, una fertilidad decreciente, envenenamiento por salmonela, asma y leucemia.

Conclusión

De lo expuesto, tanto los defensores de los derechos del consumidor como los ambientalistas defienden intereses colectivos y el objetivo final de ambos (derechos del consumidor y derecho ambiental) resulta ser la tutela de la calidad de vida.
Por lo tanto, todos los productos alimenticios deberían etiquetarse claramente para que podamos escoger porque de lo contrario se estaría violando el art .4° de la Ley 24.240 de Defensa del consumidor que habla del acceso a la información y el artículo 42 de la Constitución Nacional de defensa de competencia de los usuarios y consumidores. Se debería controlar el uso de microorganismos modificados genéticamente, ya que en la actualidad existen áreas en el país que utilizan microorganismos modificados genéticamente, sobre los cuales no hay control gubernamental.


OTROS COMENTARIOS AL RESPECTO

Desde las publicaciones de los primeros experimentos en ingeniería genética, en la década de los setenta, una enorme controversia se abrió en el mundo científico y social de aquella época. Las perspectivas que abrían los nuevos descubrimientos variaban desde un mundo sin enfermedades, con un increíble rendimiento agrícola y ganadero, todo tipo de nuevos fármacos, hasta un mundo catastrofista dominado por una minoría desaprensiva.
Frente a los múltiples beneficios que ofrece este campo, se encuentran algunos problemas que puede presentar la aplicación de la Ingeniería Genética:
· Problemas sanitarios. Pueden aparecer nuevos microorganismos patógenos que provoquen enfermedades desconocidas, o el uso de fármacos de diseño provoquen efectos secundarios no deseados.
· Problemas ecológicos. La liberación de nuevos organismos en el ambiente puede provocar la desaparición de especies contra las cuales se lucha, con consecuencias aún desconocidas, ya que cumplen una función en la cadena trófica de la naturaleza. Se puede pensar en posibles nuevas contaminaciones debidas a un metabolismo incontrolado.
· Problemas sociales y políticos. Las aplicaciones de la Biotecnología en el campo de la producción industrial, agrícola y ganadera, pueden crear diferencias aún más grandes entre países ricos y pobres. El sondeo génico en personas puede llevar a consecuencias nefastas en la contratación laboral, por ejemplo, y atenta contra la intimidad a que tiene derecho toda persona.
· Problemas éticos y morales. La experimentación en la especie humana puede atentar contra la dignidad de la misma. Poder conocer y modificar el patrimonio genético humano puede ser una puerta abierta al eugenismo. En el campo de la Terapia Génica es defendible este procedimiento cuando se utilice en células somáticas para corregir enfermedades. En la línea germinal se pide su prohibición en todo aquello que sea recomponer un programa genético humano. Los trabajos con embriones humanos con fines puramente experimentales se consideran un atentado a la dignidad de la especie humana.