All Natural

Número 0
Tema: Ingeniería Genética

¿Quienes somos?


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- Alimentos transgénicos
- Uso de alimentos transgénicos
- Riesgos para la salud
- Experimentación con animales
- Cuestiones de opinión
- Problemas económicos
- Mitos sobre la ingenieria genética

6. Reflexiones bioéticas

7. Derechos del consumidor: Etiquetado

8. Legislación

Cuestiones de opinión

A continuación proponemos la lectura de diversos artículos extraídos de la red donde distintos científicos y asociaciones cuestionan la ingeniería genética o la defienden frente a sus detractores:

Siempre que los avances científicos y tecnológicos se producen con esta rapidez, el entusiasmo por seguir adelante no deja lugar a una cavilación acerca de los pro y los contras que puede provocar.
Un caso histórico es la Revolución Industrial. En la vorágine de construir las mejores máquinas, los científicos de la época dejaron de lado el factor contaminación ambiental, ignorando que, un siglo más tarde, el haber utilizado máquinas a vapor inició un proceso prácticamente irreversible de calentamiento global y contaminación atmosférica.
Otro caso más que clásico es la fórmula de la Teoría de la Relatividad, que abrió camino a dos aplicaciones bien polarizadas y antagónicas: el uso de la medicina atómica para salvar vidas, y la construcción de bombas atómicas para destruirlas.
Y parece ser que el hombre no aprende de sus errores, porque en el afán de ver "hasta dónde podemos llegar", los genetistas y otros científicos de hoy anuncian día a día orgullosamente sus nuevas hazañas, sin tener en cuenta las consecuencias no sólo ambientales, sino también éticas y morales.
Casi cada aspecto de la IG presenta una controversia y exige un profundo análisis, de modo que las posibles consecuencias negativas causadas por la negligencia científica se eviten.
En el caso de la IG orientada al agro, por ejemplo. Las cosechas transgénicas ya son abundantes en el mundo, pero no son testeadas correctamente las posibles consecuencias ecológicas que pudiesen causar. Esto provocó el levantamiento de los organismos ecológicos no gubernamentales, que han elaborado una extensa lista de faltas cometidas por las distintas compañías. Esta acción, a su vez, creo una concepción negativa de los organismos transgénicos. Se lo ve como algo completamente nocivo para la salud, a la vez que se desconoce de qué se trata. Está en el conocimiento popular que cualquier ser, planta o animal, genéticamente modificado es sinónimo de veneno o tóxico. Este miedo irracional fue utilizado por ciertas organizaciones protectoras del medio ambiente para aumentar este temor popular. "Podés estar comiendo plantas con genes de ratas o víboras", fue uno de los argumentos más sensacionalistas.
Con esto no estoy diciendo que estoy a favor de los organismos transgénicos y en contra de la ecología. Sólo creo que se debe informar mejor a la población acerca de la transgenia, y hacer estudios serios sobre las consecuencias tanto para el ambiente como para el humano, para así poder dar conclusiones científicamente avaladas.
Cambiando de área, si nos vamos a la IG en enlace con la medicina, el panorama es aún más negro.
El hecho de que en realidad se haya tenido en cuenta la posibilidad de la eutanasia (busca del perfeccionamiento de la raza humana) indica que, lamentablemente, siguen personas con ideología nazi en el mundo.
Está patente el miedo de que, en un futuro no tan lejano, cualquier persona con el dinero suficiente y la escasez suficiente de escrúpulos, contrate a algún igualmente inescrupuloso grupo de médicos para obtener descendencia con determinadas características. No es que crea que esto será legal, pero tampoco lo es en la actualidad el aborto, y sin embargo se practica.
Es por eso que creo que, paralelamente con los descubrimientos y avances que se anuncian día a día, se tendría que legislar competentemente en todos los países. Esto pondría límites morales, éticos y civiles a los científicos, que pocas veces se detienen a considerar las consecuencias de sus actos.
La ciencia se puede usar tanto para el bien como para el mal. Depende de nosotros el uso que le demos. Sería una lástima que una ciencia tan prometedora como esta fuera desperdiciada para fines inmorales o puramente económicos. Es el deber de los hombres de hoy tomar una decisión fundamental: aprender del pasado histórico del mundo, o seguir caminando a ciegas, con los ojos tapados y sin mirar atrás.

AGRICULTURA, INGENIERÍA GENÉTICA
Y MEDIO AMBIENTE

(Pepe de la Rubia)

La ingeniería genética, tal como se está aplicando hoy en día a la producción de alimentos resistentes a los potentes plaguicidas, por las grandes compañías químico-farmacéuticas, que acaparan paulatinamente el mercado de la agroalimentación, supone un auténtico peligro para la salud de las personas, caso de ingerir alimentos con la estructura genética modificada, puesto que esta alteración, es aprovechada, en las fase de producción, para saturar aun más a la planta de potentes pesticidas, que ingerimos nosotros en parte, que inevitablemente también terminan contaminando el suelo y las aguas.
Las protestas, populares o científicas, en todo el mundo se suceden. Por contra, la ingeniería genética avanza, imponiendo sus criterios sobre nosotros, sin información alguna al consumidor. Se está "colocando" adrede en el mercado, en la cesta de la compra, una diversidad de productos de consumo cotidiano que nos convierte a todos en meros cobayas, espectadores pasivos de tamaño experimento colectivo.
El mismo príncipe Carlos de Inglaterra ha dado, abiertamente, su apoyo a un grupo de presión de agricultores ingleses, en contra de la ingeniería genética. En Inglaterra parece que existe una cadena de 8 supermercados que venden alimentos manipulados genéticamente. El príncipe ha manifestado que debería plantearse si son éticos, además de sanos, estos productos alterados genéticamente, saturados de pesticidas: "pienso que esta tecnología es tan nueva y poderosa, con tanto futuro por conocer, a tan largo plazo, que se debería plantear primero un debate ético", afirma.
Las grandes compañías, multinacionales de la agroalimentación, se están aliando a toda prisa, para mantener así a la opinión pública ajena al problema que puede suscitarse, esperemos sensatamente que pronto. Se preparan para el día en que la opinión pública comience a despertar, a exigir información sobre lo que compra y las consecuencias para su salud de los alimentos que ingiere cada día.
Los Medios de "Comunicación"? Social, a propósito, ignoran sistemáticamente en sus mensajes, las movilizaciones en contra del avance, impuesto, de la ingeniería genética, que se están llevando a cabo en todo el mundo. Son vigilados -los medios- estrechamente y ostigados por las grandes compañías financieras, cuando no totalmente controlados. Mientras los gobiernos tardan en reaccionar, los ciudadanos ya compramos los productos. ¿Donde está el barco de soja que se descargó en el puerto de Barcelona? A buen seguro que en el desayuno de esta mañana: la lecitina de las galletas, los componentes de los postres,... en los mismos helados.
El doctor Patric refleja en una entrevista para la BBC Internet New del 25 de Febrero pasado, su alarma ante la pasividad de los consumidores ante la magnitud y el alcance de la experimentación de modificación genética que está sufriendo la agricultura y la producción de alimentos. Comenta: "los consumidores deberían estar aterrados ante la perspectiva de formar parte de un experimento colectivo de ingeniería genética, aplicado a la cotidianeidad de los ciudadanos mediante su alimentación, sin ninguna garantía de resultados seguros". Efectivamente, ¿quién puede garantizarnos salubridad en estos momentos, con los alimentos modificados genéticamente?
De todos los caminos posibles para intentar alcanzar un mundo mejor, las empresas multinacionales de la agroalimentación, optan por el desarrollo de un modelo no todavía experimentado, pernicioso a su vez con la salud y el medio ambiente. Prima sólo el máximo beneficio económico, como siempre, a muy corto plazo además. Las principales multinacionales han elegido la promoción y utilización sistemática de la ingeniería genética, aplicada a la producción masiva de alimentos, que resistentes a determinados productos químicos, también producidos por ellos mismos, les supone unos beneficios extraordinarios, de miles de millones de dólares al año. La salud una vez más de las personas al ingerir los alimentos, con un 50 o 100% más de acumulación de residuos químicos y agua, no parece importarles en absoluto. La diversidad en el planeta tampoco.
Como negocio suculento, funciona a la perfección la alianza químico-farmacéutica-agroalimentaria, muy a nuestro pesar. Tal y como se está desarrollando en la actualidad, hay muchos riesgos incalificables con la manipulación genética. Más todavía desde el momento en que los agricultores no la necesitan, produciendo en cambio sí un serio inconveniente, para el desarrollo de una agricultura sostenible y también, de nuevo, un menoscabo general de la biodiversidad.
Pepe de la Rubia
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Col·lectiu Ecopacifista l'Arquet
E-mail: arquet@xarxaneta.org
URL: www.xarxaneta.org/arquet/
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Adreça postal: Apt 118
E-12600 la Vall d'Uixó
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Se alzan voces en contra:

En la conferencia del día 30 de noviembre en la que Daniel Ramón Vidal venía por segundo año consecutivo a vender las presuntas maravillas de los alimentos transgénicos con su aura de científico desde la sede clásica del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, se le plantó cara desde el humilde público. Tras un intenso debate en que se cuestionaron y desbarataron muchos de sus argumentos el ponente tuvo que recurrir a la siguiente afirmación (tras comparársele las promesas de la genética con las de la revolución verde en la India que llevó al desastre de Bhopal -15.000 muertos por escape de gas en fábrica de pesticidas de Union Carbide-):
"Por cada desastre industrial [ligado a la sociedad tecno-científica] que me digas te puedo decir otros 10 (diez) éxitos: antibióticos, mayor esperanza de vida,...".

Por ahí anda el meollo de la cuestión:
- Daniel Ramón Vidal y sus iguales no necesitan asegurarse de si la genética es benigna, su fe en la ciencia les basta.

- ¿Como ha hecho ese balance? supongo que considera un gran éxito que yo pueda estar pegado a esta pantalla (plana ¡oh maravilla!) escribiendo con la maquina (en lugar de estar tomando el aire y charlando con personas). ¿En cuanto habrá valorado la hambruna de miles de millones de personas, los Hiroshimas y Chernobiles, las guerras petroleras en Oriente y en nuestro asfalto, el expolio de La Tierra entera por una sola generación de occidentales? (fruto todos ellos del este modelo tecno-econo-socio-científico). Tal vez 10/1 sea un cálculo más certero que 1/10. Diez desasestres por cada éxito.

- Efectivamente mucha gente asume que los desastres sean "el inevitable precio del progreso" (confiada ingenuamente como está en esos gestores del progreso y el desastre), pero no es acaso excesivo un peaje de 1/10 como el que reconoce (incluso 1/100 sería excesivo)? ¿Deberíamos acaso aceptar un escandaloso diezmo en vidas eliminadas y devaluadas?.

- Pero claro, la mayoría de los desastres los sufre una gente -con poco poder de decisión-, y la mayoría de los éxitos los recolectan otras personas -las que impulsan los alimentos transgénicos en este caso-. No por casualidad era el BBVA (con más del 20% de aumento de beneficios cada año) quien organiza estas conferencias.

NUTRICIÓN Y BIOTECNOLOGÍA

Los alimentos transgénicos

DANIEL RAMÓN VIDAL coordinador nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos del CSIC.
EL PAÍS, sábado 20 de diciembre de 1997

Para el autor, hay un enfrentamiento abierto entre las multinacionales productoras y las multinacionales ecológicas.
En las últimas semanas hemos asistido a un resurgir de las campañas de diversos colectivos ecologistas contra los llamados alimentos transgénicos. La línea argumental es común: son peligrosos de comer, provocan problenas en el medio ambiente y sólo benefician a las transnacionales que los producen. ¿Qué hay de cierto? Hay que entender primero qué son esos alimentos: productos biotecnológicos en cuya obtención se han utilizado técnicas de ingenieria genética. Desde el punto de vista conceptual nada nuevo en la tecnología de alimentos, ya que desde los albores de la historia ha venido haciendo uso de una burda herramienta genética, el cruce sexual y la posterior selección. Técnicamente, algo muy distinto, ya que con la ingeniería genética podemos modificar un único gen del genoma de un animal o una planta comestible.

¿Son seguros para la salud? Si nos atenemos a criterios científicos son tan seguros, si no más, que cualquiera del supermercado. Dada la tecnología genética, conocemos mejor los cambios introducidos en una patata transgénica que en una variedad tradicional de este vegetal obtenida por mejora clásica. Pero además, para poder ser comercializada esa patata transgénica debe superar largas pruebas de laboratorio encaminadas a delimitar su composición y demostrar su falta de toxicidad. Sólo entonces podrá ser vendida. No son pruebas rutinarias o triviales. En el caso del tomate MacGregor, el primer alimentos transgénico comercializado, la empresa productora tuvo que hacer decenas de ensayos más de cuatro años hasta tener el permiso. Y lo más importante para el consumidor español; así será con todos los que se comercialicen, ya que tras la entrada en vigor del Reglamento de la CE se están creando comités de científicos independientes que supervisarán su bondad higiénico-sanitaria. Frente a este control exhaustivo recordamos que todo alimento tradicional obtenido por mejora clásica no precisa estas pruebas, y sin embargo nadie alza la voz, aunque no sepamos cuántas plazas de su patrimonio genético hemos cambiado. Exijamos como consumidores el mismo nivel de control para todos los alimentos, sean transgénicos o no.

¿Son los transgénicos un riesgo para la naturaleza? Sus detractores así lo piensan, sobre todo los vegetales transgénicos. Por un lado argumentan que puede produciras una transferencia del gen modificado desde la variedad transgénica a especies salvajes, con la consiguiente ruptura del equilibrio ecológico. Estos fenómenos de transferencia se pueden producir en la naturaleza con una frecuencia extraordinariamente baja, pero no nula. Por ello se precisa un control sobre la liberación de esas especise transgénicas.
Pero el lector debe saber que ese contros se hace, y que cualquier liberación al ambiente de plantas transgénicas implica una solicitud previa evaluada y seguida por un comité de expertos. Por otro lado son varios los grupos ecologistas que opinan que usar variedades vegetales transgénicas puede amenazar la biodiversidad. Si repasamos la historia veremos que los mayores atentados contra la biodiversidad alimenticia los cometemos los consumidores cada día.
Hace 300 años el Lleida había dos docenas de variedades comestibles de manzanas. Hoy solo dos, y sin haber aplicado técnicas de ingeniería genética. Los motivos slon claros; el consumidor ha exigido un determinado patrón organoléptico de manzana y el productor ha sesgado sus cultivos para satisfacerle. ¿Son los transgénicos un factor adicional que pueda incrementar esta tendencia?

No hay motivo racional que lo indique, pero no debemos bajar la guardia. El problema de la biodiversidad es de todos, y sobre todo incumbe a los científicos. Por ello, y no por la producción de transgenicos, debemos concienciar a los ciudadanos de la preservación de la biodiversidad, y favorecer crear y mantener colecciones de cultivo y bancos de germoplasma, labor en la que muchas veces se echa en falta el apoyo de determinados grupos ecologistas.

Es claro que las compañias productoras de transgénicos buscan un beneficio por su venta. Algunas comentaron en su día que los transgénicos solucionarian el hambre en el mundo. Sun duda una torpe campaña publicitaria, ya que es evidente que el problema tiene solución sin ingeniería genética, simplemente con un mejor reparto de los excedentes alimentarios. En el otro flanco, los opositores a los transgénicos exponen que el mercado de semillas transgénicas estará en manos de unas pocas transnacionales, con el consiguiente riesgo de monopolios. ¿Saben en manos de cuántas compañías está la venta de semillas no transgénicas? En manos de las mismas que han tenido la capacidad y el atrevimiento de invertir en I+D. Como en el caso de los automóviles, no más de dos docenas de compañias. En resumen, es evidente que las repercusiones económicas de los transgénicos, como las de todo desarrollo tecnológico, son importantes y en cierto modo impredecibles. Pero es importante finalizar esta reflexión económica indicando al consumidor que no todo el desarrollo de transgénicos se hace en laboratorios privados. Hay centros públicos, con financiación pública, que investigan en esa producción. El Consejo Superior de Onvestigaciones Científicas (CSIC) es un claro ejemplo. En sus labvoratorios se han deasattollado alimentos trasngéicos que solventan problemas para agricultores y ganaderos. Valga como botón de muestra una levadura panadera trasgenica que evite problemas de siergenicidad al sector. Quienes en centros públicos investigamos la producción de transgénicos aisitimos a un enfrentamiento entre dos grupos; las multinacionales productoras y las de la ecología. Nuestro deber como funcionarios públicos es explicar al consumodor que paga nuestro sueldo la realidad científica, para que decida. Por desgracia en España es fácil de decir pero no de hacer. ¿Qué vende más, una noticia sobre una campaña publicitaria de oposición a un producto o un juicio científico razonado?


GENÉTICA Y ALIMENTOS

Más vale prevenir que curar

GREGORIA ÁLVARO CAMPOS Y JORGE RIECHMANN: Gregorio Álvaro Campos es biotecnólogo, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UCM y miembro de Aedenat. Jorge Riechmann es politicólogo, profesor de la Universidad de Barcelona y miembro del Departamento Confederal de Medio Ambiente de CC OO.
EL PAÍS, miércoles 4 de febrero de 1998

Los autores defienden la necesidad de promover en España un amplio debate social acerca de los alimentos transgénicos:
El coordinador nacional de Ciencia y Tecnología de los alimentos del CSIC, Daniel Ramón Vidal, es su artículo Los alimentos transgénicos (EL PAIS, 20 de diciembre de 1997) realiza una encendida defensa de los alimentos manipulados genéticamente intntando convencernos de que son "científicamente seguros". Este texto no es sólo una réplica al articulo de Ramón Vidal que contiene lo que a nuestro juicio son importantes imprecisiones y omisiones científicas, sino que también expone las razones por las que diferentes sectores de la sociedad (científicos, consumidores, ecologistas, sindicalistas, agricultores...) creemos que los alimentos obtenidos por manipulación genética hoy por hoy están muy lejos de ser seguros.

Alimentos obtenidos por manipulación genética (transgénicos o reconvinantes) son aquellos que proceden de organismos en los que se han introducido genes de otras especies por medio de la ingeniería genética. Para la introducción de genes foráneos en en la planta o en el animal comestibles es necesario utilizar como herramienta lo que en ingeniría genética se llama un vector de transformación: "parásitos genéticos" como plásmidos y virus, a menudo inductores de tumores y otras enfermedades como sarcomas, leucemias ... Aunque normalmente estos vectores se "mutilan"en el laboratorio para eliminar sus propiedades patógenas, se ha descrito la habilidad de estos vectores mutilados para reactivarse, pudiendo generar nuevos patógenos. Además tales vectores llevan muchas veces genes marcadores que confieren resistencia a antibióticos como la kanamicina (gen presente en el tomate transgénico de Novartis), resistencias que se pueden incorporar a las poblaciones bacterianas (en nuestros intestinos, en el agua o en el suelo). La aparición de más cepas bacterianas patógenas resistentes a antibióticos (un problema sobre el que la OMS no deja de alertar)es un peligro para la salud publica imposible de exagerar.

Si bien la ingeniería genética es una herramienta potentísima para la manipulacion de los genes, actualmente existe un gran vacío de conocimiento sobre el funcionamiento genéstico de la planta o animal que se va a manipular. ¿Qué genes se activan y desactivan a lo largo del ciclo vital del organismo, cómo y por qué lo hacen ¿¿Cómo influye el nuevo gen introducido en el funcionamiento de resto del genoma? ¿Cómo altera el entorno el encendido o el apagado de los genes de la planta cultivada? Actualmente, todas estas preguntas se encuentran, en gran medida sin respuesta. La introducción de genes nuevos en el genoma del organismo manipulado provoca alteraciones impredecibles de su funcionamiento genético y de su metabolismo celular, y esto puede acarrear: a) la producción de proteínas extrañas causantes de procesos alérgicos en los consumidores (estudios sobre la soja transgénica de Pioneer demostraron que provocaba reacciones alérgicas , no encontradas en la soja no manipulada); b) la producción de sustancias tóxicas que no estás presentes en el alimento no manipulado (en EEUU, la ingestión del aminoácido triptófano, producido por una bacteria modificada genéticamente, dio como resultado 27 personas muertas y mas de 1500 afectadas) , y c) alteraciones de las propiedades nutritivas (proporción de azúcares, grasas, proteínas, vitaminas...)

Los peligros para el medio ambiente son incluso más preocupantes que los riesgos sanitarios. La extensión de cultivos transgénicos pone en peligro la biodiversidad, estimula la erosión y la contaminación genética, y potencia el uso de herbicidas. Según un informe de la OCDE, el 66% de las experimentaciones de campo con cultivos transgénicos que se realizaron en años recientes estuvieron encaminadas a la creación de plantas resistentes a herbicidas.

Tal es el caso de la soja transgénica de Monsanto, resistente al herbicida Roundrup, que produce la misma multinacional. La Agencia de Medio Ambiente de EEUU considera que este herbicida de amplio espectro ha puesto al borde de la extinción una gran variedad de especies vegetales de EEUU; también se le considera uno de lao herbicidas más tóxicos para microorganismos del suelo, como hongos, actinomicetos y levaduras. Otra de las preocupaciones fundadas acerca de los cultivos trasngénicos es el posible escape de los genes transferidos hacia poblaciones de plantoas silvestres relacionadas con estos cultivos mediante el flujo de polen: ya han sido bien documentadas numerosas hibridaciones entre casi todos los cultivos y sus antepasados naturales. La introducción de plantas transgénicas resistentes a plaguicidas y herbicidas en los campos de cultivo conlleva un elevado riesgo de que estos genes de resistenciapasen, por polinización cruzada, a malas hierbas silvestres emparentadas creándose así malísimas hierbas" capaces de causar graves daños en cultivos y ecosistemas naturales. A su vez, esta plantas transgénicas, con caradctreisticas nuevas, pueden desplazar a especies autóctonas de sus nichos ecológicos. La liberacióon de organismos modificados genéticamente al medio ambiente tiene consecuencias a menudo imprevisibles e incontrolables.

Hay demasiados peligros reales para afirmar que estos alimentos son seguros. Hoy por hoy, la comercialización de alimentos transgénicos es un acto irresponsable que convierte a los consumidores en coballas humanos, y a nuestra insustituible biosfera en un laboratorio de alto riesgo. En Europa, el debate está abierto. En diciembre de 1996 llegó a Barcelona el primer cargamento de soja trangénica procedente de EEUU, entre las portestas de los grupos ecologistas. Encuestas realizadas en numerosos países han revelado un rechazo generalizado al consumo de alimentos trangénicos por parte de la población. Las autoridades de la UE están sufriendo un a enorme presión por parte del gobierno de EEUU y de las multinacionales agroquímicas para conseguir una legislación laxa que no ponga ningún tipo de restricción a los cultivos y los alimentos transgénicos.

Se intenta que países como Luxemburgo, Italia y Austria, que habían prohibido el maíz transgénico de Novartis, vuelvan a atrás sobre su decisión. Los vegetales transénicos se comercializan mezclados con los normales, y además las compañías se niegan al etiquetado distintivo con los que el ciudadano está indefenso y si posibilidad de elección. EL interés crematístico y monopolístico de las multinacionales agroquímicas no es la mejor garantía para nuestra seguridad alimentaria, nuestra salud ni la habitabilidad de la biosfera.

Desde el movimiento ecologista y las organizaciones sindicales creemos necesario promover un amplio debate social acerca de los alimentos transgénicos. Las multinacionales agroquímicas, con el beneplácito de los respectivos gobiernos eluden el debate y aplican la violencia de los hechos consumados cuando se adoptan -sin participación democrática- las decisiones que introducen estos alimentos en nuestros mercados, nuestras cocinas y nuestros estómagos, sin nuestro consentimiento. Demasiadas grandes opciones tecnológicas han demostrado en el pasado reciente su potencial de catástrofe (DDT, vacas locas, Chernóbil...) como para permitirnos ninguna ingenuidad. Las tristes experiencias pasadas aconsejan prudencia extrema para que no pueda ocurrir ningún "Chernobil biotecnológico" . No lo decimos animados por ninguna intención anticientífica, queremos ciencia pero con prudencia, y sobre todo, más democracia, también para decidir sobre las políticas científicas y tecnológicas.

Réplica sobre los alimentos transgénicos:

DANIEL RAMÓN VIDAL coordinador nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos del CSIC.

EL PAÍS, lunes 20 de abril de 1998

El autor responde en este artículo a las críticas vertidas por Jorge Riechmann y Gregorio Álvaro a un escrito suyo anterior sobre los alimentos transgénicos y sus posibles consecuencias.
Jorge Riechman y Gregorio Alvaro publicaron un artículo con matices técnicos titulado MAS VALE PREVENIR QUE CURAR (El País 4 de febrero), en respuesta a un artículo mío (LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS, El País, 20 de diciembre de 1997). Como científico no creo que la mejor forma de entablar un debate sobre temas técnicos sea a través de un periódico, pero los señores Riechmann y Alvaro hacen al caomienzo de dicho artículo una alusión a mi quehacer profesional que me obliga a responderles. Los científicos vivimos de nuestra credibilidad, por ello considero que dichos autores, al opinar que mi artículo está lleno de "importantes imprecisiones y omisiones científicas" sin enumerarlas cometen una falta de rigor. Por el contrario yo afirmo que el artículo MAS VALE PREVENIR QUE CURAR está lleno de errores, pero a diferencia de ellos voy a enumerar y comentar a continuación.

De entrada conviene aclarar que un alimento transgénico no es lo que ellos afirman. Los alimentos transgénicos no sólo son aquellos en los que se ha introducido un gen proveniente de otra especie por medio de la ingeniería genética, porque existen casos descritos el la literatura donde lo que se ha hecho es silenciar o cambiar la expresión de genes del organismo modificado sin añadir DNA de otra especie. La falta de información que los autores tienen sobre lo que es un alimento transgénico se acrecienta a medida que se profundiza en la lectura de su artículo. Así, el decir que para construir alimentos trangenicos se utilizan "vectores de transformación parásitos genéticos a menudo inductores de tumores y enfermedades, como sarcomas y leucemias " es incorrecto, a pesar de que unas pocas líneas después se intente matizar con la frase "aunque normalmente se mutilan en el laboratorio".

EL lector debe saber que ninguno de los alimentos transgénicos comercializados hasta la fecha contiene un gen que cause o esté de algún modo ligado a leucemias o sarcomas. ES cierto que algunos de ellos contienen fragmentos de un plásmido que produce un crecimiento tumoral en plantas denominado el tuor de la agalla des cuello, una enfermedad exclusivamente vegetal. Por cierto, que cuando comemos algún vegetal con esta enfermedad, cosa muy frecuente, ingerimos varios millones de copias de este plásmido sin que por supuesto desarrollemos un cáncer, ya que no tienen efecto en los animales. Pero es que además, y como ellos matizan, en los alimentos transgenicos todos los genes responsables de este fenotipo han sido eliminados y, por tanto, es imposible que se desarrolle la enfermedad vegetal.
Capítulo aparte merece la reflexión sobre las resistencias a antibióticos. Los autores del artículo pintan un panorama desolador por el que al ingerir un alimento con un gen de resistencia a un antibiótico, la flora de nuestro estómago se volverá inmediatamente resistente al mismo con el consiguiente problema de salud pública. No hablamos de aparición de resistencias por toma inadecuada de antibióticos, sino de aparición de las mismas por transferencia de genes entre especies. Pues bien, a pesar de los muchos estudios realizados, los científicos aún no hemos podido demostrar la transferencia de dichos genes entre bacterias en el estómago, mucho menos desde un trozo de alimento en digestión a una bacteria.

Algo más: los autores apelan a la Organización Mundial de la Salud para dar idea de la gravedad del problema de las resistencias a antibióticos. Se olvidan, o desconocen, algo: la OMS celebró en el año 1993 un seminario de expertos para estudiar el problema de los genes marcadores de resistencia en alimentos transgénicos. Entre las conclusiones de dicho encuentro se puede leer la siguiente: "La presencia de genes marcadores PER SE en alimentos no constituye un problema de salud" (Unidad de Salud Alimentaria de la OMS página 17). No obstante, los últimos desarrollos de alimentos transgénicos, gracias a la aplicación de nuevas técnicas, tienden a eliminar los marcadores de resistencia, otro aspecto no comentado en el artículo que analizamos.

Se podrían enumerar muchas más imprecisiones , pero la brevedad manda. Es de especial relevancia el comentar que no hay un solo dato experimental que indique que los 27 muertos y los 1500 enfermos del síndrome de eosinofilia-mialgia al que los autores hacen referencia se deba no ya a los alimentos transgénicos, sino tan siquiera a la ingeniería genética. Todo lo contrario, los datos apuntan a una impureza química no eliminada en la purificación del triptófano.

Claman los autores por un debate social como también lo hacemos los científicos. Pero el punto de arranque des mismo debe ser la realidad científica y un respeto hacia los razonamientos y la profesionalidad de los demás. Me consta la actitud abierta a dicho debate por parte del señor Riechmann y reitero desde estas líneas mi ofrecimiento personal a cualquier iniciativa que en este sentido se lleve a cabo.
ENTREVISTA CON DANIEL RAMÓN VIDAL:
El director del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA) y coordinador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en la Comunidad Valenciana, Daniel Ramón Vidal, es una de las voces de la comunidad científica española que con mayor rotundidad defiende la inocuidad de los transgénicos para la salud del consumidor.
P.- Hay quien critica que en España se califique de alimentos transgénicos tanto a los que han recibido genes de una especie distinta como a los que se les ha modulado la expresión de un gen propio, ¿es correcto englobar ambos casos bajo la misma etiqueta?.
R.- Desde el punto de vista rigurosamente científico, no es correcto porque transgénico es el organismo que recibe un gen proveniente de otra especie, por lo que el segundo ejemplo que expone no lo sería.

Sin embargo, el consumidor entiende que un transgénico es aquél en el que se ha practicado ingeniería genética, por lo que ambos ejemplos serían aceptables. A mí lo que piense el consumidor me importa mucho, por lo que, aunque estrictamente no sea científicamente correcto, es lo que conoce el consumidor y por mi parte no hay nada más que decir.
P.- Parece aún más incorrecta, por imprecisa, la denominación de "nuevos alimentos" que reciben los transgénicos en otros países.
R.- El término "nuevos alimentos" no se refiere solamente a los transgénicos, sino a todos aquellos alimentos que no han sido utilizados de una forma común en nuestra dieta. Por ello, también se refiere a aquellos alimentos a los que actualmente se les añade compuestos de interés nutricional, incluso a aquellos que se han venido utilizando en la dieta de otras culturas. Por ejemplo, hace unos años podría considerarse como "alimento nuevo" al kiwi.

P.- Los detractores de los organismos modificados genéticamente (OMG) -fundamentalmente grupos ecologistas- denuncian que su consumo puede provocar la resistencia a los antibióticos, la proliferación de alergias, favorecer procesos tumorales, problemas en el sistema inmunológico... ¿Qué hay de cierto en estas denuncias?.
R.- Denunciar es muy fácil, pero luego hay que demostrarlo. Yo no conozco ni un solo dato científico que avale esos supuestos efectos. Los alimentos transgénicos que se comercializan han pasado unas evaluaciones sanitarias como no había pasado hasta ahora ningún otro alimento, y estas evaluaciones no aportan datos que indique que sean más peligrosos para la salud del consumidor que los tradicionales correspondientes.

Desde noviembre, la Organización Mundial para la Salud (OMS) publica en su página web una declaración que ratifica que los alimentos transgénicos que se han comercializado hasta la fecha no son un peligro para la salud. El consumidor debe decidir quién merece más credibilidad, la OMS o estos grupos que dicen que los transgénicos son peligrosísimos pero no aportan ninguna prueba.

P.- Dice que no existen pruebas científicas que demuestren los peligros denunciados, pero esa afirmación fomenta uno de los argumentos de los detractores: el que denuncia que ya se aplica la ingeniería genética en la industria alimentaria sin conocerse bien los peligros, que sería necesario aplazar su uso hasta que existan estudios definitivos.
R.- Ese argumento es pura demagogia. La media de evaluación de los alimentos transgénicos que han obtenido el permiso de comercialización es de cinco años de evaluaciones toxicológicas con animales de laboratorio y a lo largo de varias camadas, con lo cual esa situación a largo plazo al menos en modelos animales está solventada.

Es inadmisible que ese argumento se aplique a los alimentos transgénicos y no se haga con unos nuevos alimentos que están obteniendo el permiso de comercialización sin haber pasado ninguna evaluación. ¿Han pasado esas evaluaciones, por ejemplo, todas esas leches que se venden ahora incluyendo nuevos componentes de interés nutricional?.
¿Cuáles han sido las evaluaciones que han pasado los alimentos que llamamos orgánicos o ecológicos? Además, ¿quién nos debe decir qué es desde el punto de vista toxicológico pertinente o no? ¿Estos señores de las organizaciones que se oponen y que no tienen formación científica o los expertos de la OMS? Para mí, no hay margen para la duda.

P.- Está claro que usted no piensa que los transgénicos impliquen peligros adicionales para la salud del consumidor que los convencionales, ¿ pero se podría decir que los OMG son más seguros?.
R.- Yo creo que los transgénicos comercializados hasta la fecha son, al menos, igual de seguros que los convencionales correspondientes. Esa soja o ese maíz transgénicos autorizados por la Unión Europea son tan seguros como la soja y el maíz convencionales, ni más ni menos.

No sé si son más seguros, pero sí es cierto que son los que más se evalúan toxicológicamente, son los que más controles han pasado y los controles nos dicen que son igual de seguros. Habría que plantearse qué pasaría si evaluásemos con ese rigor muchos de los alimentos no transgénicos que hoy en día nos comemos. Probablemente, nos llevaríamos sorpresas.
P.- ¿Por qué entonces los consumidores rechazan a priori la compra e ingestión de transgénicos?.
R.- En primer lugar, porque en países como el que tenemos la fortuna de vivir, en los que tenemos la barriga llena, el consumidor no tiene una preocupación acuciante acerca de poder comer todos los días, por lo que exige que la alimentación sea saludable.

Además, los dos únicos desarrollos de transgénicos que tenemos en la UE -soja y maíz- no ofrecen al consumidor algo nuevo que sea especialmente bueno para su salud, sino que favorecen al productor: es un maíz que resiste el ataque de un gusano y una soja que resiste el tratamiento con herbicida, y eso al consumidor no le aporta nada nuevo.

Por ello, ante los posibles riesgos que denuncian determinados grupos, el consumidor piensa: por qué me voy a arriesgar si no me aporta nada. A todo ello hay que sumarle la mala información con que cuenta el consumidor, que no sabe qué es un transgénico, ni qué supone aplicar ingeniería genética, ni qué es la biotecnología.

Consumidor desinformado
P.- ¿A qué achaca esa falta de formación e información que padece el consumidor? ¿Son los medios de comunicación los que aportan una información poco rigurosa o quizá hay que denunciar la falta de actitud pedagógica por parte de la comunidad científica?.
R.- Es una cuestión de la que nadie es inocente. Los científicos no hemos sabido o querido contar lo que estamos haciendo en laboratorio y es un fallo que estamos pagando, y en el caso de los que somos funcionarios públicos, como yo, se trata de un fallo imperdonable: el ciudadano paga nuestros salarios y nuestras investigaciones y tenemos la obligación de informarle de nuestro trabajo.

Los medios de comunicación también son responsables por estar excesivamente pendientes del número de lectores o los niveles de audiencia. Ojalá tuviésemos un programa de televisión en el que se informara al consumidor acerca de estos temas, pero los debates en televisión son tan tristes como los de 'Tómbola', que paga la televisión pública de la comunidad autónoma en la que yo vivo.

También tienen parte de culpa las administraciones públicas, que deberían apostar por una mayor educación en biotecnología en las escuelas, no sólo en informática. Y, finalmente, son igualmente responsables los grupos que se oponen a los transgénicos por utilizar informaciones totalmente sesgadas siendo conscientes de que su discurso no es rigurosamente cierto.
P.- Comentaba anteriormente la suerte de los ciudadanos occidentales por poder elegir qué comer, pero usted reniega de los utópicos que vinculan el desarrollo de los transgénicos con el fin del hambre en el mundo.
R.- Por supuesto, reniego del discurso manido de las multinacionales que afirman que los transgénicos son la solución al hambre mundial y por ello hay que apoyar su desarrollo. No es verdad.

La solución del hambre en el mundo es una solución política y social: hay que repartir mejor el excedente alimentario y en los países en que se sufre la hambruna educar a sus ciudadanos y darles los medios para que puedan salir de la pobreza. Eso los transgénicos no lo solucionan.
Sin embargo, también tengo claro que algunos desarrollos de transgenia en países subdesarrollados pueden ser importantes para acabar con problemas de malnutrición o de productividad.

P.- El interés de las multinacionales productoras de transgénicos en recabar apoyos para su comercialización se explica de una forma evidente, ¿pero qué interés es el de los grupos ecologistas en acabar con ellos?.
R.- Ésta es una pregunta para los grupos ecologistas, porque yo no lo entiendo, es una pregunta que me hago muchas veces. No lo entiendo porque muchos de los problemas medioambientales que padece la agricultura serían perfectamente paliables mediante el empleo de transgénicos.
En el caso de organizaciones ecologistas modestas podría explicarse por un componente ideológico muy importante. En el caso de las grandes asociaciones, de las 'multinacionales del ecologismo', creo que es por meros motivos de marketing, como cualquier otra multinacional.

P.- ¿Podría hacer un cálculo aproximado de la cantidad de alimentos transgénicos actualmente en el mercado?.
R- Si hacemos referencia a alimentos que porten soja o maíz transgénicos, en las estanterías de nuestros supermercados prácticamente no hay ninguno. Los transgénicos en España prácticamente no se están vendiendo.
Sin embargo, si se quiere ser totalmente riguroso en la información que se da al consumidor, hay que decirle que los enzimas alimentarios modificados genéticamente se utilizan como aditivos en la preparación de multitud de alimentos y que un alto porcentaje de ellos provienen de microorganismos modificados por ingeniería genética desde hace más de quince años.
P.- ¿Por qué las empresas se muestran reticentes a mostrar este tipo de matices en el etiquetado de sus productos?.
R.- El clima de confusión sobre la materia y la presión de los grupos ecologistas sobre los consumidores para que no compraran dichos productos provocaron el descenso de ventas y esto llevó a las empresas alimentarias a intentar evitarlo: primero, acogiéndose de una forma estricta a la legislación europea sobre etiquetado, e incluso cambiando en sus productos harinas de maíz por las de trigo para no utilizar componentes transgénicos.
P.- ¿Es suficiente la legislación europea sobre transgenia para garantizar la inocuidad de estos productos?.
R.- La normativa europea es una exageración, es un claro ejemplo de sobrelegislación. No creo que responda a los intereses del consumidor, sino que sólo sirve para dejar contentos a los burócratas europeos porque así tienen la sensación de que hacen algo en un tema que preocupa al ciudadano. No encuentro ningún fundamento en que haya que etiquetar como transgénico un producto porque porte un 0,1 por ciento de ingredientes transgénicos.

En cuanto a la seguridad que garantizan estos productos, ya he comentado las evaluaciones toxicológicas que han de pasar y, en este caso sí, la legislación europea ha sabido dar una respuesta a las exigencias del consumidor.