Por ejemplo, la subtilisina es una enzima producida por razas de Bacillus subtilis, que se viene usando, junto con otras enzimas microbianas, como aditivos que mejoran el poder limpiador de los detergentes para ropa.
La subtilisina natural tiene el inconveniente de que se inactiva con la lejía. Mediante una técnica genética llamada "ingeniería de proteínas", se logró cambiar un determinado aminoácido (Met-222) por otro (Ala-222), con lo que la nueva subtilisina resistía a la lejía. Por métodos parecidos se han diseñado variantes que aguantan altas temperaturas, por lo que se pueden usar en los programas de lavado en caliente.